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ana Urbano 

Nutrición integrativa ·PNI clínica

Paciente empoderada

Antes fui paciente.
Hoy acompaño a personas como tú.

Apenas tenía 18 años cuando descubrí que la alimentación podía cambiar mucho más que la forma de comer.

En casa conocíamos muy bien lo que significaba convivir con el cáncer. Un día escuché a una doctora maravillosa hablar de la relación entre la alimentación, los hábitos de vida y el cáncer. Aquella charla despertó una curiosidad que ya nunca desaparecería. Empecé a leer, a investigar y a querer entender cómo funciona nuestro organismo y hasta qué punto podemos influir en nuestra salud.

Aunque por aquel entonces mi paso por la universidad no tenía nada que ver con la nutrición ni con la salud (lo mío eran las finanzas... ¡imagínate!), en mi tiempo libre devoraba libros, hacía cursos y buscaba respuestas sobre cómo cuidar mejor nuestro cuerpo y nuestro entorno.

Y ahí empezó un camino que acabaría cambiando mi vida.

Y, sin haber tenido nunca ningún problema de salud importante, un día empezaron los síntomas digestivos. 

Después de muchísimas visitas al médico, pruebas y un diagnóstico crónico sin demasiadas respuestas —el famoso "colon irritable"— descubrí otro mundo fascinante: la Psiconeuroinmunología Clínica (PNI). Gracias a ella conseguí mejorar muchísimo. Pero el camino no fue fácil. Pasé por muchos profesionales y entendí que, en salud, rara vez existe una única pieza del puzle.

Pero, por desgracia, aquello solo era el principio de todo lo que estaba por venir.

Con el tiempo entendí que, para haber mejorado del todo —o incluso haber amortiguado el impacto de todo lo que vendría después—, había hecho falta algo que nunca encontré: 

"...alguien escuchara no solo mis síntomas, sino también mi historia.

Hace unos años vivía un momento que, aparentemente, era perfecto. Había terminado la universidad, tenía un trabajo estable, acababa de mudarme con el amor de mi vida y habíamos adoptado a Nala. 🐾

Digo "aparentemente" porque, seamos sinceros, pocas vidas son tan perfectas como parecen.


 

Poco a poco mi cuerpo empezó a cambiar.

Llegaron las migrañas, un cansancio que nadie conseguía explicar, el dolor muscular y articular... Empezaron a dolerme partes del cuerpo que ni siquiera sabía que podían doler. Mareos. Más problemas digestivos. Sinceramente, creo que no había una sola parte de mi cuerpo que no se quejara.

Hasta que un día mi cuerpo decidió parar por mí.

Pasé muchos meses haciendo poco más que el recorrido de la cama al sofá. Necesitaba ayuda para muchas tareas del día a día. Y había días en los que mi mayor logro era conseguir pasear a Nala 500 metros sin tener que sentarme a descansar.

Después de muchísimas consultas y de innumerables pruebas, empezaron a llegar los diagnósticos: fibromialgia, síndrome de sensibilidad central y una enfermedad congénita poco frecuente: la malformación de Arnold-Chiari tipo I. La endometriosis ya llevaba años formando parte de mi historia.

Cuando pienso en aquella Ana, todavía se me pone la piel de gallina.

Era una veinteañera encerrada en un cuerpo agotado.

Con todos esos diagnósticos tuve una cosa muy clara: aceptar que mi única opción era convivir con ellos y medicarme de por vida... 

Me empoderé como paciente.

Seguí investigando.

Busqué respuestas.

Busqué profesionales que entendieran la salud desde una visión integrativa.

Así que aquello que empezó siendo una pasión terminó convirtiéndose en mi profesión.

Hoy soy Dietista Integrativa y especializada en Psiconeuroinmunología Clínica, porque nunca dejaré de aprender. La salud evoluciona constantemente y yo quiero seguir haciéndolo con ella para ofrecer el mejor acompañamiento posible.

Quiero que quien llegue a consulta sienta que tiene a una profesional que escucha de verdad.

 

Sin juicios.

 

Con rigor científico.

 

Y con la tranquilidad de saber que, aunque no siempre es fácil encontrar respuestas, nunca dejaré de buscarlas junto a quien confía en mí.

Todo este camino me enseñó algo que hoy forma parte de mi forma de trabajar:

"...rara vez existe una única pieza del puzle.

"...No era mi opción.

Todo aquello que llevaba años estudiando por pura pasión empezó a cobrar sentido.

Y decidí que no iba a quedarme sentada viendo cómo mi vida pasaba delante de mí. 

No creo en tratar solo síntomas.

Detrás de cada síntoma hay una persona,
una historia
y un contexto que merecen ser escuchados.

Cuando entiendes lo que le ocurre a tu cuerpo, dejas de luchar contra él y empiezas a cuidarlo desde otro lugar.

Y ese es el camino que quiero recorrer contigo.

Porque mi objetivo no es solo ayudarte a mejorar tu salud.

Es ayudarte a comprender tu cuerpo.

A recuperar la confianza en él.

Y a que vuelvas a sentir que tienes herramientas para comprender y cuidar tu salud.

Porque nadie debería recorrer este camino sintiéndose solo

Creo profundamente que el conocimiento empodera.

No elegí este camino porque fuera fácil.

Creo en comprender a la persona que los está viviendo.

Lo elegí porque sé lo que se siente cuando nadie consigue responder a tus preguntas.

Y hoy quiero ofrecer el acompañamiento que a mí me habría gustado encontrar cuando todo empezó.

ana Urbano 

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